Juan Arjona

Escritor
De mi infancia recuerdo que mi abuela Carmen era una sombra meciéndose en un rincón fresquito y húmedo de la casa de Mairena. Recuerdo que mi abuelo Manolo volaba y que mi tía Carmelita «la güena» se encerraba en el armario. De mi tío Máximo Masas recuerdo que era de profesión «fuerte». Que la voz de la conciencia de mi vecino Justo se podía escuchar desde la otra calle. Y mi abuelo Juan conocía todas las estrellas y a todas les ponía nombre. Y ahora entiendo por qué en mi pueblo existe esta tradición especial: el último viernes de agosto, todos los habitantes si salen a la calle, es con un buche de agua en la boca. Crecí en una biblioteca publica todos los sábados a las doce (la biblio dormilona de Camas). Allí unas veces era un gentil dragón rojo, otras un domador de leones; o me relacionaba con los monstruos. A veces también leía un poco, claro. Ya hacía tiempo que mí padre con voz de padre me dijo: «Toma este cuaderno. ¡Escribe aquí todo eso que dices frente al espejo y no te encierres más en el cuarto de baño que los demás también tenemos que usarlo!». Y me aficioné a la poesía, al teatro, a los relatos… Pero un día descubrí que lo que realmente me interesa es la Literatura que trasciende de una hoja de papel registrada por el autor y se le da movimiento y vida propia, esa que salta al aire para llegar. A pesar de todo, hoy en día, creo que si sigo contando historias es por pura casualidad.»
Bibliografía: 
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